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Discurso del Representante de Generación en la Ceremonia de Graduación Utel Monterrey 2026


El pasado 6 de junio, Héctor Darío Martínez Martínez fue designado como Representante de Generación en la Ceremonia de Graduación Utel Monterrey 2026, una distinción que reconoce a egresados cuya trayectoria académica, liderazgo y dedicación los convierten en referentes para su comunidad estudiantil.

Su historia con Utel refleja el valor del aprendizaje continuo. Motivado por seguir creciendo profesionalmente, cursó una Maestría en Administración de Negocios y posteriormente el Doctorado en Administración Estratégica, demostrando que la preparación constante puede convertirse en una herramienta para alcanzar nuevas metas.

Actualmente se desempeña en Grupo Charur como Director de Marca de BYD Tamaulipas, donde lidera la expansión de una de las compañías que impulsa la transformación de la movilidad y la innovación tecnológica en la región.

Palabras del Representante de Generación

Héctor Darío Martínez Martínez compartió un mensaje centrado en la perseverancia, el aprendizaje que surge de los momentos difíciles y la importancia de asumir la responsabilidad que acompaña al conocimiento. 

“Estamos aquí reunidos: una sala, tres generaciones.

Buenas tardes a todos. Directivos académicos, integrantes de la mesa de honor, profesores, familiares y amigos queridos. Miro esta sala y veo algo que me parece extraordinario: tres generaciones académicas reunidas en un mismo momento. Licenciados, ingenieros, maestros y doctores. Personas que eligieron estudiar, que eligieron seguir, esforzarse, que eligieron terminar.

El nivel es distinto, el camino fue distinto, pero el acto de voluntad que los trajo aquí hoy es exactamente el mismo. Y eso merece celebrarse juntos.

No fue una línea recta. Quiero hablarles con honestidad porque creo que nos lo debemos. Cada uno de los que estamos en este salón llegó aquí con una historia, con una razón que no siempre fue fácil de explicar. Quizá fue una situación familiar, de salud o económica; o tal vez una derrota que nos enseñó más que cualquier éxito. Una puerta que se cerró y que, al cerrarse, nos obligó a buscar otra, una más grande, la puerta correcta.

El fracaso no es lo opuesto al éxito, es parte del camino hacia él. Yo aprendí eso de una manera muy difícil y estoy convencido de que muchos de ustedes también. Fue precisamente ese momento de quiebre, ese instante en el que el piso se tambaleó, el que nos trajo a Utel, a abrir un capítulo de superación, a decidir que íbamos a construir algo que nadie nos podía quitar: conocimiento, habilidades, criterio y visión.

Estudiar en línea, a distancia, sin dejar de trabajar, sin dejar de ser padres, madres, sin dejar de vivir, no es el camino fácil. Es el camino de quienes tienen algo más que demostrar, de quienes entienden que el crecimiento no tiene horario y que la disciplina también es un talento. Para quienes lo hicieron posible.

Me han concedido el privilegio de hablar en nombre de esta generación y quiero aprovechar este privilegio para decir algo que no puedo pasar por alto.

A mi esposa, gracias. Muchas gracias, con todo lo que esas dos palabras pueden significar. Porque tú viviste lo que este camino costó desde adentro. Viste los fines de semana frente a la pantalla, las noches de lectura que no terminaban, los domingos con mi colega puliendo los trabajos de investigación, los momentos en que el cansancio pudo más que la energía. Y en cada uno de esos momentos tú estuviste, no sólo tolerando el proceso, sino sosteniéndolo, sosteniéndome. No habría doctorado sin ti, y no lo digo como adorno en esta oración, sino como una verdad absoluta.

A mis hijos les digo: ustedes y su mamá son la razón más profunda. Cada vez que dudé si valía la pena continuar, pensé en ustedes. Quiero que vean que el esfuerzo sostenido sí transforma, que cuando algo importa se hace, que estudiar no es solo para los jóvenes ni para quienes no tienen responsabilidades adicionales; es para quienes entienden que crecer es una decisión que se toma todos los días.

Lo que soy hoy, soy también por ellos. Mi familia no estuvo al margen de este logro. Mi familia fue el combustible.

Y sé que no soy el único en esta sala que tiene una historia así. Hay personas en este salón que no llevan toga, que no subirán al estrado y que, sin embargo, merecen este reconocimiento tanto o más que nosotros. Son las madres que aguantaron ausencias, los padres que apoyaron sin preguntar, los hijos que cedieron tiempo de mamá o papá a una computadora, los cónyuges que entendieron, o que intentaron entender, por qué el fin de semana también era un día de estudio.

Detrás de cada graduando hay una familia que también hoy se gradúa. A todos ustedes, este momento es tan suyo como nuestro.

¿Y para qué sirve todo esto? Ahora viene la pregunta que no podemos ignorar.

¿Para qué estudiamos esto? ¿Para colgar un diploma en la pared? ¿Para que nos llamen por un nuevo título? No. O al menos no solo para eso.

Un grado académico, de cualquier nivel, es una responsabilidad. Tenemos herramientas que no todo el mundo tiene: la capacidad de analizar, de proponer, de liderar con fundamento y no sólo con intuición.

Y esas herramientas tienen un propósito mayor que nosotros mismos. Las organizaciones donde trabajamos, los equipos que dirigimos, las familias que formamos y las comunidades donde vivimos necesitan personas que piensen con rigor, que hagan las preguntas difíciles, que propongan y apliquen soluciones sustentables y sostenibles.

Hoy empieza esa responsabilidad. No mañana. Hoy. 

Antes de terminar, quiero pedirles algo.

Esta noche, cuando estén con las personas que los aman, denles las gracias de verdad. No de protocolo, de verdad. Porque ellos vivieron y vieron lo que les costó esto. Vieron los momentos en que se quisieron rendir, aunque ustedes no lo dijeran en voz alta. Y ellos estuvieron ahí, siempre apoyándolos.

Y cuando vuelvan a sus vidas mañana, a sus empresas, a sus aulas, a sus oficinas, a sus hogares, lleven consigo lo que hoy sentimos: esta certeza de que el esfuerzo sostenido sí transforma, que aprender no es un lujo, es una inversión en quienes somos, que el conocimiento no tiene fecha de vencimiento.

Hoy no se graduaron los que más talento tuvieron; se graduaron los que no se rindieron. Y eso, compañeros licenciados, ingenieros, maestros y doctores, es exactamente lo que somos nosotros.

Somos ganadores.

Muchas felicidades a toda la Generación 2026”.


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