Durante la Graduación Ecuador 2026 de Utel, Claudia Mejía Martínez, Vicerrectora Académica de la institución, dirigió un mensaje a los graduados en representación de nuestro Rector Institucional, David Stofenmacher. A través de una reflexión sobre la manera en que las personas enfrentan los momentos difíciles, invitó a la generación a reconocer que los desafíos forman parte del camino y que cada experiencia vivida contribuye a construir la fortaleza necesaria para avanzar.
Discurso de la Vicerrectora Claudia Mejía
A partir de la metáfora del águila que enfrenta la tormenta, Claudia Mejía compartió una reflexión sobre la perseverancia, la capacidad de superar adversidades y el valor de reconocer aquello que fortalece el carácter. Su mensaje destacó una historia de esfuerzo, decisiones difíciles y personas que acompañaron el camino.
«Buenas tardes a todos. En nombre de nuestro rector David Stofenmacher, quiero extender un saludo con profundo respeto a las autoridades que hoy nos acompañan, a nuestros profesores y a las familias presentes. Gracias por estar aquí y ser parte de este día.
Cuando una tormenta se forma en la cordillera, casi todas las aves hacen lo mismo. Buscan una grieta, un árbol denso, cualquier lugar donde esconderse hasta que pase. Es lo razonable, es lo que cualquiera haría.
¿El águila real? No. Cuando el viento empieza a rugir y el cielo se oscurece, el águila hace algo que parece un error de instinto. Despliega las alas por completo y vuela directo hacia la tormenta. No la rodea, no espera que pase, la usa.
Encuentra en esas corrientes violentas, en el aire que a cualquier otra ave destrozaría, la fuerza exacta que necesita para subir más alto de lo que podría subir en un día en calma.
Mientras todo lo demás se refugia esperando que el cielo se calme, ella sube por encima de la tormenta hasta un punto donde el aire ya está quieto y el sol le da de frente.
No es que la tormenta le haga fuerte, sus alas ya eran fuertes antes. Lo que la tormenta hace es obligarla a desplegarlas por completo.
Sin tormenta, un águila puede volar bien. Con tormenta, descubre hasta dónde puede llegar.
¿Por qué decidí hablarles de esto? Porque la carrera que acaban de terminar no fue un cielo despejado. Nadie en este auditorio llegó hasta aquí en un día de calma. Hubo tormentas reales.
Económicas, familiares, de salud, de tiempo que no alcanzaba, de dudas que no se las dijeron a nadie.
Y frente a esas tormentas, ustedes tuvieron que tomar la misma decisión que enfrenta toda águila en el cielo que oscurece: esconderse o desplegar las alas y volar directo hacia el viento.
La mayoría de la gente elige esconderse. Y no por cobardía, sino por instinto de supervivencia. Parece lo razonable.
Ustedes, en cambio, hicieron lo que hace el águila. Siguieron avanzando justo cuando avanzar era más difícil. No porque no tuvieran miedo, sino porque decidieron que el miedo no iba a decidir por ustedes.
Me encantaría que se lleven esta reflexión. El viento que sintieron en contra, el bimestre que casi no terminan, la noche que casi renunciaron, la vez que alguien les dijo que no iban a poder, ese viento no estuvo ahí para destruirlos.
Estuvo ahí, aunque no lo pudieran ver en ese momento, para obligarlos a desplegar algo que ya tenían dentro y que quizás nunca habrían descubierto en un día tranquilo.
Eso no significa que la tormenta haya sido buena ni que agradezcamos que haya pasado. Dolió y para algunos de ustedes tal vez todavía duela.
Pero hoy tienen algo que solo se gana volando hacia el viento. La certeza de saber de qué están hechos cuando la tormenta empuja de verdad.
A las familias que están aquí hoy, ustedes fueron muchas veces el aire debajo de esas alas. Los que sostuvieron sin que se notara. Los que se quedaron despiertos, preocupados sin decirlo, para no sumar más peso. Ese trabajo no tiene diploma.
Este vuelo también es suyo.
Ahora bien, no pensemos que de aquí en adelante el cielo va a estar despejado porque no lo va a estar. Van a enfrentar otros vientos y algunos serán más fuertes de los que ya cruzaron.
La diferencia es que ahora saben algo que antes solo intuían: que no tienen que esconderse cuando llegue la tormenta porque tienen alas hechas para algo más grande que ella.
Este país no es lejano a las tormentas. Hoy, esta generación se suma a esta historia.
Y esta historia tiene una referencia clara: grandeza. No me refiero a la que solemos imaginar. No es no tener tormentas. No es una vida sin viento en contra ni una carrera sin tropiezos.
Grandeza es lo que hace el águila: mirar la tormenta de frente cuando todo lo demás se esconde y usarla en vez de dejar que la destruya.
Esa misma grandeza que caracteriza a nuestra comunidad y la sostiene desde hace 15 años.
Este mes celebramos nuestro décimo quinto aniversario. Y no es un dato menor. Significa que generación tras generación, esta institución también ha tenido que volar hacia sus propias tormentas para seguir aportando a la transformación de tantas personas y dando lugar a tantas historias únicas, como la de cada uno de ustedes que hoy dan un propósito significativo a nuestra existencia.
Antes de cerrar, quiero dejarles tres cosas concretas. No como consejo genérico, sino como lo que de verdad separa a un águila de un ave que solo sobrevivió a la tormenta.
Ejerciten las alas cuando el cielo esté despejado. La fuerza para la próxima tormenta no se improvisa el día que llega; se construye en los días tranquilos con la disciplina que ya conocen.
Elijan con cuidado hacia dónde vuelan. El conocimiento que se llevan hoy puede usarse para subir solos o para ayudar a otros a subir con ustedes. La segunda opción es la única que con el tiempo de verdad se siente como grandeza.
Y cuando llega el momento de esconderse, porque va a llegar, a todos nos pasa, recuérdenlo solo como una pausa.
Nunca como una decisión final. Un águila también descansa. Lo que no hace es quedarse en la grieta. Clase 2026. No me resta más que decirles esto con el orgullo de haberlos visto llegar hasta aquí.
Ya no son las mismas personas que empezaron esta carrera. Son quienes decidieron, tormenta tras tormenta, desplegar las alas en vez de esconderse.
Esa decisión no termina hoy. Cada vez que el cielo se oscurezca, recuerden de qué están hechos. No busquen la grieta, desplieguen sus alas.
Muchas felicidades, Generación 2026”.



