Durante la Magna Graduación Utel Ciudad de México 2026, José Abraham Fabela Barragán, graduado de la Maestría en Gestión Directiva de Instituciones en Salud, dirigió un mensaje como Representante de Generación 2026, un reconocimiento que distingue a aquellos egresados cuya trayectoria profesional, liderazgo y compromiso reflejan los valores que inspiran a la comunidad universitaria. Médico anestesiólogo, especialista en anestesia oncológica, jefe del Departamento de Anestesia del Instituto Nacional de Cancerología, presidente de la Sociedad Mexicana de Anestesia Oncológica y profesor titular del Posgrado de Alta Especialidad en Anestesia Oncológica de la UNAM, fue elegido para representar a una generación que hoy inicia una nueva etapa de crecimiento.
Desde su propia trayectoria, invitó a los graduados a reconocer el valor de las decisiones que transforman el futuro, el papel que desempeñan quienes acompañan ese camino y la responsabilidad que implica poner el conocimiento al servicio de los demás.
Palabras del Representante de Generación
A través de una historia profundamente personal, recordó que detrás de cada logro académico existen personas, decisiones y oportunidades que cambian el rumbo de una vida. Su mensaje fue una invitación a reconocer que la preparación adquiere verdadero significado cuando se convierte en una herramienta para abrir nuevas oportunidades a otros.
«Muy buenas tardes.
Autoridades académicas de Utel, distinguidos docentes, familiares, amigos y, sobre todo, queridos compañeros graduados. Quisiera comenzar con una conversación que ocurrió hace muchos años.
Yo era apenas un niño. Un día le pregunté a mi mamá: “¿Por qué dejamos Tepalcatepec para venirnos a vivir a Guadalajara?”
En mi mente de niño no lo entendía. En Tepalcatepec mis padres tenían una vida estable. Mi mamá era propietaria del único laboratorio clínico de la región. Mi papá tenía su trabajo. Nuestra familia tenía raíces, amigos, una vida hecha. Entonces, ¿por qué dejarlo todo?
Nunca olvidaré la respuesta de mi mamá. Me dijo: “Porque tu papá y yo queríamos darles más oportunidades.” En ese momento no comprendí el alcance de esas palabras.
Hoy sí. No sé cuál sea la historia que los trajo hoy hasta aquí. Tal vez alguien cruzó un país entero buscando un futuro mejor. Tal vez alguien trabajó durante el día y estudió por las noches. Tal vez alguien fue el primero de su familia en llegar a la universidad. Tal vez alguien hizo tareas mientras cuidaba a sus hijos. Tal vez alguien pensó seriamente en abandonar. Pero estoy seguro de algo. Ninguno de nosotros llegó solo.
No imaginaba que aquella respuesta de mi mamá terminaría llevándome hasta aquí. Me convertí en médico. Después en anestesiólogo. Más tarde tuve el privilegio de especializarme en anestesia oncológica. Hoy dirijo el Departamento de Anestesia del Instituto Nacional de Cancerología.
Y cuando creí que había terminado de estudiar… descubrí que liderar personas exige aprender cosas que ningún libro de medicina enseña.
Durante muchos años pensamos que la educación tenía un domicilio. Un edificio. Un salón. Un horario. Utel nos enseñó que la educación tiene otra dirección. La dirección de nuestros sueños.
Muchos de nosotros estudiamos después de trabajar. Otros después de dormir a nuestros hijos. Algunos desde un hospital. Otros desde una oficina. Desde una fábrica. Desde un aeropuerto. Desde otra ciudad. Desde otro país.
Descubrimos que la distancia nunca fue el verdadero obstáculo. El verdadero obstáculo era creer que ya era demasiado tarde.
Hoy hay personas aquí de veinte años. Y también de cincuenta o sesenta. Y eso me parece extraordinario. Porque demuestra algo maravilloso.
Los sueños no tienen fecha de caducidad.
Hoy no recibimos únicamente un diploma. Recibimos una responsabilidad. Porque el conocimiento nunca es un privilegio. Es un compromiso. Cada cosa que aprendimos tiene sentido únicamente cuando mejora la vida de alguien más.
Hoy entiendo que aquella conversación con mi mamá nunca fue realmente sobre mudarnos de ciudad. Fue sobre el valor de tomar decisiones difíciles para abrir oportunidades. Mis padres hicieron esa elección por mí. Hoy nosotros hemos hecho otra. Decidimos prepararnos. Decidimos crecer. Decidimos no conformarnos.
Y algún día, quizá sin darnos cuenta, alguien nos hará una pregunta parecida a la que yo hice siendo niño.
Un hijo. Una hija. Un alumno. Un compañero. Nos preguntará: “¿Por qué hiciste todo ese esfuerzo?” Y ese día podremos responder con la misma serenidad con la que mi mamá respondió hace tantos años: “Porque quería darte más oportunidades.”
Porque al final… eso es lo que realmente cambia al mundo. No los títulos. No los cargos. No los reconocimientos. Las oportunidades que somos capaces de crear para otros.
Hoy termina un capítulo. Pero comienza la historia que otros contarán gracias a las oportunidades que nosotros decidamos construir.
Muchas felicidades, generación. Y gracias por permitirme contar una historia que, en realidad, también es la historia de ustedes.
Muchas gracias.»



