En la Magna Graduación Utel Ciudad de México 2025, nuestro Rector Institucional David Stofenmacher Berenstein compartió un mensaje emotivo que conmovió a los presentes. En este año que conmemoramos 10 años de graduaciones, sumando más de 70,000 egresados a la fecha, sus palabras recordaron los orígenes de la universidad y el propósito que dio vida a la institución.
Palabras del Rector Institucional
El Maestro David Stofenmacher, con su discurso invitó a los egresados a usar su título como una herramienta para transformar la adversidad en oportunidad y construir un futuro con integridad, valentía y propósito.
Buenas tardes. La verdad, cada graduación me emociona mucho. Hoy, cuando estaba al mediodía compartiendo con mi esposa y con mis hijos lo que iba a decir y aquí está mi esposa presente, en algún lado será testigo, se me cayeron las lagrimitas de pensar que eran 10 años de la primera graduación. Entonces, como siempre digo, yo no sé quién está más emocionado, si ustedes o nosotros.
Porque hace 14 años, cuando fundamos esta universidad, teníamos esa sospecha de que había jóvenes y adultos que requerían una educación relevante, una educación que les permitiera subir un pequeño escalón, que les diera un pequeño empujón hacia adelante para consolidarse en sus vidas y como profesionales; que los motivara a buscar horizontes más lejanos de los que estaban, a transformarse en personas más seguras de sí mismas. También pensábamos que esos jóvenes y adultos tenían otro tipo de responsabilidades: eran padres, eran mujeres que no solamente trabajan, sino que cuidan a sus familias; jóvenes muchos que vemos aquí entusiastas, los vimos aplaudir y celebrar, pero sin miedo de transformar el mundo. Y sospechábamos que ellos, hoy ustedes, necesitaban una forma diferente de aprender y nosotros una forma diferente de enseñar: mucho más flexible pero con estructura, utilizando Internet para acceder a conocimientos que tal vez una sola persona no sería capaz de transmitir; trabajando en equipos desde lugares distantes, veo graduados de República Dominicana, cada quien desde su computadora, pero cercano a sus maestros y, fundamentalmente, fomentando el sentido de ser autodidacta.
Nosotros queríamos crear una universidad que sea exitosa. Pero ¿qué significa éxito? Para nosotros, éxito significaba el progreso de nuestros graduados. Y cuando lo imaginamos con el maestro Ignacio Guerra, en paz descanse, pensamos en regalarles tres cosas: la primera, conocimientos; la segunda, habilidades; y la tercera, y lo he dicho muchas veces, una llave. Una llave especial, no cualquier llave, una llave maestra. Si imaginan, visualizan ustedes una llave que te permite abrir todas las puertas que tú pudieras imaginar; una llave que te permite elegir cualquier camino por el cual tú quieres ir; una llave que te permite vivir en esta vida todas las posibles vidas; una llave que abre tu interior, tu mente, tu corazón, tu espíritu, para que seas consciente de quién eres y hacia dónde vas; una llave que abre las puertas de los sueños de cada uno y que, cuando despiertes, no los olvides, sino que seas capaz de realizarlos.
Todo eso queríamos, todo eso sospechábamos que ustedes, nosotros, necesitábamos. Pero definitivamente no estábamos listos para emprender tamaño desafío. Y también nos preguntábamos: ¿acaso la Secretaría de Educación Pública nos iba a autorizar un plan de estudios, una universidad cuya finalidad fuera entregar no un título, sino una llave? Y, ¿éramos nosotros dueños de tal capacidad? La respuesta negativa es obvia. Y cometimos y cometemos, como ustedes bien saben, todos los errores posibles: perdemos, como universidad, el rumbo con bastante facilidad; planeamos mal los tiempos; no sabemos elegir bien los recursos; pero, sin embargo, el deseo de entregarles a ustedes esa llave que abre el futuro es la inspiración que nos otorga. Es el sentido de vida que nos da esta misión y que nos permite ver nuestros propios errores como una oportunidad. Aprendimos que equivocarnos iba a ser inevitable y que debemos ser rápidos en corregir el rumbo, y el equipo desde maestros hasta directivos de la universidad así lo sabe.
Ustedes, graduados, jóvenes, adultos, señoras, señores, hijos, padres, abuelos, son nuestra inspiración. Ustedes nos hacen sentir orgullosos. Vemos el apoyo de sus familias, el esfuerzo que le dedicaron y la generosidad con la cual nos tratan. Y hoy reciben este título universitario, o una llave que tiene forma de título. Y hay una pregunta bastante obvia de reflexión hacia nosotros: ¿qué podemos enseñarles nosotros a ustedes que ustedes no nos hayan enseñado a nosotros? Esfuerzo, valentía, seriedad, dedicación… lo aprendimos de ustedes.
Permítanme compartir un relato que me gusta mucho. Lo he compartido más de una vez. Muchos de ustedes lo conocen, pero cada vez es relevante. Un trabajador de la construcción cumplía 65 años y estaba listo para retirarse. Le contó a su jefe sus planes de jubilación: dejar de trabajar para llevar una vida más tranquila y disfrutar de su familia. Sin embargo, cuando fue a hablar con su jefe, éste le dijo: “Antes que dejes de trabajar, quiero que me hagas un favor personal: construye una última casa”. El trabajador aceptó a regañadientes. Comenzó la obra, pero se veía que no lo estaba haciendo realmente de corazón, que no le estaba poniendo toda la fuerza a ese último encargo. Utilizaba materiales de pobre calidad y el trabajo era deficiente. Obviamente, la casa no iba a tener los cimientos más fuertes. Era una manera muy desafortunada de terminar su carrera.
Seis meses después, cuando el trabajador terminó la construcción, el jefe fue a revisarlo y, acto seguido, le dijo: “En agradecimiento a todos estos años juntos, te quiero hacer un regalo”. Tomó unas llaves y se las entregó: “Esta es tu casa, este es mi regalo para ti”. El autor del relato se pregunta: si el trabajador hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, ¿acaso lo hubiese hecho de manera diferente?, ¿hubiese utilizado mejores materiales?, ¿le hubiese puesto más esfuerzo?, ¿lo hubiese hecho con más corazón? Ahora viviría en esa casa endeble que él mismo construyó.
Graduados, su vida hoy es el resultado de sus aptitudes y elecciones del pasado. Su vida mañana será el resultado de sus aptitudes y elecciones del día de hoy. Todos construimos nuestro destino sin saberlo. En esta nueva etapa deben construir la actitud correcta y hacer las elecciones adecuadas para su nueva casa. Esto es bien difícil. Es mucho más difícil que entrar al sitio de la universidad, mucho más difícil que aprobar matemáticas y mucho más difícil que profundizar en historia.
A mí me pasa que, cuando cambio de etapa de vida o tengo decisiones importantes por tomar, me surgen inseguridades. No estoy seguro de saber discernir correctamente, no estoy seguro de poder mirar con claridad. Y me ayuda mucho repetir una frase, casi como un mantra para mí, en esos momentos: “El mundo, mi vida, es como un puente angosto, el cual cruzo a diario, y lo más importante es controlar mi miedo”. Saber que nuestro miedo de cruzar el puente angosto y alto es natural; que mirar hacia abajo, al vacío, y enfrentarme con la inmensidad de mis propios pensamientos es normal; que, cuando me apuran a cruzarlo, se mueve, tambalea y tengo vértigo, pero aun así lo hago… soy resiliente. Que para llegar a lo que queremos siempre hay un obstáculo es estimulante. Para mí es sanador y me empuja adelante saber que tengo esa llave interna que me va a permitir cruzar y pasar al siguiente destino.
Estimados graduados, sí, finalmente llegó el momento. Usen esa llave en forma de título, úsela con sabiduría; transformen la adversidad en oportunidad, la incertidumbre en la capacidad de crear el futuro. Jóvenes, adultos, reinvéntense todas las veces que sea necesario; improvisen y, por supuesto, privilegien la bondad a la inteligencia y también al éxito. Sean un ejemplo para mucha gente que está esperando reflejarse en ustedes. Nosotros, sus familias, sus maestros, los tutores, colaboradores de la universidad, autoridades… todos nosotros los vamos a acompañar a lo largo de esta ceremonia. Posiblemente los acompañemos a lo largo de su vida. Y los vamos a acompañar porque los queremos. Y los vamos a acompañar porque es nuestra responsabilidad.
Un secreto que siempre digo, y ya no es tan secreto: busquen un grupo de gente que los inspire, que los rete, y pasen tiempo con ellos. Eso cambiará su vida. Ustedes, para nosotros, son ese grupo y ya cambiaron nuestras vidas.
Muchísimas gracias y felicidades.
Con sus palabras el Rector David Stofenmacher les recordó que el verdadero valor de su título radica en la capacidad de abrir caminos, reinventarse y transformar realidades. La ceremonia dejó en claro que, más allá de un final, esta graduación marca el inicio de una etapa en la que cada decisión y cada paso serán la base para construir un futuro con propósito.



