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Cerrar ciclos: El significado profundo del adiós


Decir adiós es una de las experiencias más universales y, a menudo, más dolorosas y difíciles de procesar para el ser humano ya que es un acto que nos confronta con la finitud, el cambio y la pérdida, marcando el final de un capítulo en nuestras vidas. La forma en que manejamos estas despedidas determina en gran medida nuestra capacidad para sanar, integrar lo vivido y seguir avanzando hacia las nuevas experiencias de la vida. “Cerrar un ciclo” no es un simple acto de olvido, sino un proceso activo, consciente y necesario para nuestra salud mental y emocional que se aprende, a veces con dificultad, a lo largo de la vida.

Entendiendo el significado del “adiós”.

Para comprender nuestras reacciones emocionales ante una despedida, es crucial desglosar el concepto de “adiós”. La palabra y el acto que la acompaña encierran una dualidad fundamental que a menudo pasamos por alto. Desde una perspectiva filosófica fenomenológica, es necesario diferenciar entre el gesto de decir “adiós” y la experiencia inevitable del “partir”.

De acuerdo con Navarro Palomo, 2020, el adiós significa un homenaje como un acto de reconocimiento y gratitud por el tiempo compartido, otorgando así valor y dignidad a la relación que está por ausentarse; de esta manera, al despedirnos, validamos lo que fue, celebramos la conexión que existió y le damos un lugar simbólico a esa parte de nuestra vida que ha dejado huella. Por otro lado, el adiós conlleva el cierre en la partida, entendida como la separación física y emocional, la distancia que se impone y la ausencia inevitable que sigue al adiós y su confrontación, la ruptura de la cotidianidad y la incertidumbre del futuro conlleva dolor y una experiencia de malestar emocional, la cual, es la experiencia emocional que llamamos “duelo”, el espacio en el que se trabaja el procesamiento de la pérdida.

Psicología del duelo: un proceso natural y multidimensional

El duelo puede ser entendido como la respuesta natural a la pérdida. Aunque todos lo experimentamos, es una vivencia única para cada individuo, un camino personal que se debe transitar. Entender sus componentes es el primer paso para navegarlo de una manera saludable y compasiva con uno mismo. El duelo es una experiencia multidimensional que afecta al individuo en múltiples planos. Se define como un “conjunto de reacciones” que involucran respuestas “emocionales, cognitivas, somáticas o comportamentales” (Chaurand et al., 2015, p. 43) y que, en su núcleo, rompe el “contacto con uno mismo” (Cruz Gaitán et al., 2017, p. 1).

Es crucial entender que estas manifestaciones son un signo de lo importante y valioso que fue el vínculo de la pérdida. Entre las respuestas más comunes encontramos: Tristeza profunda, enfado, culpa, ansiedad, soledad, impotencia o incluso una sensación de insensibilidad, sensación de vacío en el estómago, falta de energía, incredulidad, confusión, pensamientos recurrentes sobre la pérdida (rumiación), preocupación constante y dificultades de concentración, alteraciones del sueño o del apetito, aislamiento social, llanto frecuente y la necesidad de evitar recordatorios de la persona ausente (Cruz Gaitán et al., 2017, pp. 1-2).

Es importante señalar que, aunque el ser humano es resiliente y esto permite que la mayoría de las personas puedan recuperarse de la pérdida durante el duelo, hay momentos en que la evitación de experimentar la pérdida complica el cerrar el ciclo y decir adiós, impidiendo que la persona pueda asimilar la pérdida y continuar con su vida de una manera funcional y significativa.  Las estadísticas muestran que este es un problema significativo pues se estima que aproximadamente entre el 10% y el 20% de las personas en duelo desarrollan problemáticas intensas y persistentes en el tiempo. Estos datos revelan una verdad profunda: mientras que el Duelo Complicado es una condición clínica específica que afecta a una minoría significativa (en un estudio mexicano, el 12.46%), una porción mucho mayor de la población (35.2%) vive con la sensación persistente de no haber superado una pérdida (Chaurand et al., 2015). Esta brecha sugiere que la “trampa” no es exclusiva del duelo patológico, sino una experiencia humana común, a menudo alimentada por un mecanismo central: la evitación experiencial.

La evitación experiencial es el intento deliberado por controlar o suprimir pensamientos, sentimientos y recuerdos dolorosos, bajo la creencia de que afrontarlos será insoportable (Cruz Gaitán et al., 2017). La persona entra en una lucha constante contra su propia experiencia interna, tratando de no sentir, no pensar, no recordar. La paradoja es que este esfuerzo por controlar el dolor a menudo incrementa la frecuencia e intensidad de la experiencia que se busca evitar (Hayes et al., 1996, citado en Cruz Gaitán et al., 2017, p. 11). La lucha contra el dolor se convierte en el verdadero problema. Si esta batalla es la que nos mantiene atrapados, la solución debe encontrarse en una dirección radicalmente diferente.

Estrategias para decir adiós

La aceptación es una estrategia que consiste en dejar de luchar contra la realidad de la pérdida y permitir que los sentimientos dolorosos existan sin que nos dominen, de esta manera, la aceptación puede ser definida como “la voluntad de experimentar con plenitud los pensamientos, sentimientos y sensaciones preocupantes e incómodas” (Cruz Gaitán et al., 2017, p. 13). A continuación, encontrarás algunos pasos que permitan aceptar la pérdida para cerrar el ciclo de manera amable:

  1. Identifica recuerdos significativos para ti respecto a la persona o situación a la que debas decir adiós: pueden ser objetos, fotografías, experiencias vividas.
  2. Toma un momento para estar en contacto con ello: puedes mantener tu respiración profunda como apoyo para mantener tu atención en ese momento.
  3. Recupera los aspectos significativos que deseas conservar contigo: por ejemplo, aprendizajes directos o indirectos, emociones vividas, etc.
  4. Toma nota a manera de lista que te permita tener presente lo significativo: si hay objetos que desees tener presentes, asígnales un lugar -como una fotografía-.
  5. Agradece lo vivido: incorpora a tu vida cotidiana aquellos aspectos valiosos que has rescatado en el ejercicio.

A través de este ejercicio, se busca trazar el camino que nos permite honrar el pasado sin quedar anclados en él, transformando el dolor de la partida en un motor para un futuro con propósito, el cual comienza con el cierre de poder decir “adiós.” También, puedes escuchar nuestro audiotaller interactivo de Duelo para descubrir más formas de despedirnos: https://bit.ly/3WJvjT9

Psic. Ángeles Reyes Cortés
Orientación Psicológica
Programa de Éxito Académico y Profesional (PEAP)

Referencias:

Chaurand, A., Zacarías, J., Benítez-Borrego, S., Nuñez-Quintero, L., & Feixas, G. (2015). Pérdida, depresión y duelo complicado en una muestra mexicana. Revista de Psicología, 17(2), 42-55.
Cruz Gaitán, J. I., Reyes Ortega, M. A., & Corona Chávez, Z. I. (2017). Duelo: tratamiento basado en la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Editorial El Manual Moderno.
Navarro Palomo, A. (2020). La despedida como experiencia. La despedida en lo despedible. En: La Despedida: aproximación fenomenológica al estudio de la experiencia del partir. pp (19-41) [Trabajo de Fin de Máster, Universidad de Sevilla].