Durante la Graduación Ecuador 2026 de Utel, Priscila Angela Venegas Murillo, egresada de la licenciatura en Negocios Internacionales, fue elegida como Representante de Generación. Su trayectoria como profesional, empresaria, mentora y madre refleja la capacidad de reinventarse, superar momentos difíciles y continuar avanzando sin poner en pausa los objetivos personales y profesionales.
Su historia refleja el espíritu de una generación que decidió seguir creciendo mientras la vida continuaba. A través de su experiencia, Priscila compartió un mensaje sobre el valor de las decisiones tomadas día a día, la importancia de mantenerse firme ante los retos y el aprendizaje que surge al construir una meta mientras se cumplen otras responsabilidades.
Discurso de la Representante de Generación
Desde su propia experiencia, Priscila compartió una reflexión sobre lo que significó estudiar mientras trabajaba, emprendía y acompañaba a su familia, destacando que este camino no solo les permitió adquirir conocimientos, sino también descubrir nuevas capacidades y fortalecer su manera de enfrentar los desafíos.
«Buenas tardes, autoridades de Utel Universidad, docentes, familiares, amigos, queridos compañeros.
Cuando comenzamos esta carrera, seguramente muchos pensamos que solo veníamos a aprender una profesión. Y así lo hicimos. Adquirimos conocimientos, herramientas y nuevas perspectivas que llevamos con nosotros en nuestra vida profesional.
Pero con el tiempo descubrimos que, en realidad, estábamos aprendiendo algo mucho más profundo. Aprendimos a crecer sin detener nuestra vida.
Porque mientras estudiábamos, la vida no se detuvo. Seguimos trabajando, seguimos atendiendo a nuestra familia, seguimos emprendiendo, resolviendo problemas, cumpliendo nuestras responsabilidades.
Tuvimos días buenos y también días difíciles. Y aun así seguimos avanzando. Al darnos cuenta de aquello, fue cuando realmente empezamos a comprender el verdadero impacto que esta etapa tendría en nuestras vidas.
Porque estudiar mientras la vida ocurre no siempre es fácil. Hubo momentos en los que, pese a estar exhaustos, tuvimos que continuar con las clases, entregar tareas a tiempo, aunque estuviésemos con mil pendientes en la cabeza.
Momentos en los que tuvimos que aprender a organizarnos, a priorizar, a pedir ayuda y, sobre todo, a recordar por qué habíamos empezado.
Fue precisamente en esos momentos cuando descubrimos algo que quizás no esperábamos aprender en una carrera universitaria.
Las metas más importantes no se consiguen solamente con motivación; se construyen con decisiones tomadas día a día. La decisión de continuar un día más, la decisión de cumplir con aquello que nos habíamos propuesto, la decisión de no abandonar cuando era más fácil hacerlo.
Fueron esas pequeñas y, a la vez, grandes decisiones repetidas una y otra vez durante este tiempo las que nos han traído hoy a este glorioso momento.
Cada uno de nosotros sabe lo que significó llegar hasta aquí.
En mi caso, cuando decidí estudiar Negocios Internacionales, mi vida ya estaba completamente en marcha. Tenía tres hijos, un matrimonio y una empresa que estaba construyendo desde mi experiencia profesional.
Así que para mí esta vez estudiar no significó dejar nada atrás. Significó incorporar una nueva meta a la vida que ya estaba construyendo.
Pero también ocurrió algo que terminó cambiando mi manera de vivir la carrera. Yo no estaba aprendiendo para aplicar algún día lo aprendido. Lo estaba aplicando mientras aprendía.
Cada materia me hacía cuestionar algo en mi empresa. Cada proyecto me llevaba a buscar una mejor manera de hacer las cosas. Y poco a poco entendí que estudiar no solo me estaba dando conocimientos, me estaba dando una nueva manera de pensar y de tomar decisiones.
Toda esta transformación en mí empezó a reflejarse también en mi empresa. Después de mi primer año de estudios, participé en los Premios Huella de Oro y obtuve el segundo lugar en la categoría Transformación Empresarial.
Fue para mí un reconocimiento a lo que venía construyendo, una confirmación de que lo que estaba aprendiendo podía convertirse en resultados y generar una transformación real.
Y la universidad terminó llevándome incluso a un lugar que nunca imaginé cuando comencé: convertirme en mentora y acompañar a otros estudiantes.
Fue ahí donde descubrí algo con total claridad.
Cada persona llega a una meta cargando una historia que los demás definitivamente no conocemos. Y eso me hace pensar en nuestra generación. Porque detrás de cada uno hay una historia que no aparece en ningún certificado.
Hay familias que nos acompañaron. Hijos que fueron testigos de nuestro esfuerzo. Amistades que estuvieron a nuestro lado y profesores que nos compartieron su conocimiento y fueron guía en este camino.
Algunos quizás no pudieron estar aquí hoy, pero todos quienes nos acompañaron desde el principio hasta este momento son también parte de este logro.
Este título también les pertenece a ellos.
Por eso hoy, cuando miro nuestra generación, no veo solamente profesionales recibiendo un título. Veo personas valientes. Que aprendieron a avanzar mientras la vida seguía ocurriendo.
Queridos compañeros, hace algunos años comenzamos una carrera, hoy terminamos una etapa. Pero entre esas dos fechas ocurrió algo que no estaba escrito en ningún pensum.
Aprendimos quiénes somos cuando decidimos apostar por nosotros mismos.
Y hoy, después de este camino, hay algo que podemos decir con certeza.
Somos diferentes a quienes comenzamos esta carrera. Tenemos más conocimientos, más experiencia, mejores herramientas, pero sobre todo tenemos una historia que nos recuerda lo que somos capaces cuando decidimos avanzar.
Por eso hoy, los invito a que no solamente pensemos que terminamos una carrera; los invito a reconocer que somos capaces de lograr todo aquello que nos propongamos.
Compañeros, los felicito a todos y a cada uno de ustedes por haber elegido no rendirse y seguir adelante.
Hoy podemos mirar hacia atrás con orgullo y decir: lo logramos. Pero, sobre todo, mirar hacia adelante y decir: vamos por más.
Muchas gracias”.



