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La importancia de tener a alguien con quien contar


Imagina que es la primera semana en la universidad, todo depende de un factor que rara vez se nombra en los correos de bienvenida: si uno se anima o no a participar y tú has elegido el segundo camino: entras a la sesión en vivo, apagas la cámara, respondes lo mínimo en el foro porque ya bastante tienes con llegar al final del día luego de tu jornada laboral y, cuando menos ves, has terminado la primera unidad exactamente igual que como empezó, sin conocer a nadie, cargando solo el peso de cada tarea, cada duda, cada examen difícil, hasta que ese cansancio acumulado y sin nadie con quien compartirlo, se convierte en la razón por la que, unos meses después, dejas de entrar a clase.

También, puedes elegir el primer camino y entonces, tu historia comienza distinto: en esa misma sesión de bienvenida, te animas a escribir en el chat «yo también ando batallando para organizarme con el trabajo», y de ahí surge un grupo de WhatsApp que nadie pidió, pero que termina sosteniendo más que cualquier tutoría oficial: ahí se resuelven dudas a las diez de la noche, se comparten resúmenes cuando alguien no llegó a tiempo por una junta de trabajo, se manda ánimo el día del parcial y, sin proponérselo, esas personas (que quizá jamás se conocerán en persona) se convierten en la razón silenciosa por la que uno no suelta la carrera cuando todo se complica. 

Esa es, en el fondo, la historia que este escrito quiere contar: cómo la amistad que se construye en un espacio virtual, casi por accidente, termina siendo uno de los sostenes más importantes del bienestar emocional, la resiliencia y la permanencia de quienes estudian en línea mientras trabajan y sostienen, al mismo tiempo, todo lo demás.

La incorporación de un proyecto profesional no es solo una responsabilidad más, sino que es uno de los desafíos más profundos del desarrollo humano. Según Marenco-Escuderos et al. (2023), el estrés acumulado por la independencia, los horarios extenuantes y la alta exigencia académica es tan crítico que aproximadamente el 10% de los estudiantes abandona sus estudios durante el primer año. En este escenario, la desconexión social es un riesgo silencioso que impacta tanto la salud mental como la permanencia.

La importancia de la resiliencia

A menudo pensamos en la resiliencia como una «armadura» individual o un rasgo innato de invulnerabilidad. Sin embargo, podemos entenderla como un proceso colaborativo. Esto significa que la capacidad de superar la adversidad no reside únicamente dentro de ti, sino en la interacción entre tus recursos personales y los apoyos externos que recibes de tu entorno: familia, docentes y, fundamentalmente, tus pares.

El éxito académico no depende exclusivamente de la aptitud intelectual. Como señalan Saavedra-Guajardo et al. (2019), surge de conjugar una visión optimista y un sentido de autoeficacia con la habilidad para establecer vínculos nutritivos. La verdadera fortaleza universitaria no es ser autosuficiente, sino saber integrarse en una red de protección.

La investigación contemporánea ha identificado diversos estilos de afrontamiento. El estudio de Marenco-Escuderos et al. (2023) destaca un perfil que podemos considerar el «estándar de oro»: el Resiliente-con-redes. Estos estudiantes no solo poseen altos niveles de engagement (caracterizado por el vigor, la dedicación y la absorción en sus estudios), sino que también cuentan con redes sociales amplias y estructuradas. Lo que hace a este grupo excepcional es la sinergia: logran integrar su motivación individual con el soporte externo, transformando sus vínculos en un motor de rendimiento y bienestar.» Los recursos sociales, como las redes de apoyo de los compañeros, funcionan como amortiguadores esenciales frente al estrés universitario, facilitando la superación de dificultades tanto personales como académicas» (Marenco-Escuderos et al., 2023).

Los pares como red de contención y permanencia

Para entender este dinamismo, es útil recurrir al Modelo del Convoy de Kahn y Antonucci (citado en Arias et al., 2021). Este modelo describe cómo navegamos la vida rodeados de un conjunto de relaciones que nos brindan protección, afecto y afirmación. En la juventud, las amistades son el vínculo más presente y significativo de este «convoy».

Un hallazgo esperanzador es que incluso aquellos estudiantes con niveles bajos de resiliencia individual pueden superar el riesgo de abandono si cuentan con una alta motivación por su carrera y una red de amigos cercana. Aquí cobra relevancia la premisa de la Mtra. Alexia Escutia (CETYS): «La soledad no depende del número de personas que nos rodean, sino de la calidad de los lazos que construimos». Las amistades de calidad actúan como un escudo contra el aislamiento, validando emociones y ofreciendo una contención que las instituciones por sí solas no pueden proveer.

Guía para cultivar vínculos que sanan y fortalecen

Construir una red de apoyo es una inversión estratégica en tu salud mental. Basándonos en la evidencia de Grand Rising Staff (2025) y Escutia (CETYS), aquí tienes pasos accionables para comenzar a nutrir tus redes de amistad como redes de apoyo:

  • Identifica los tipos de apoyo: Tu red debe ser diversa. Busca apoyo emocional (quien te escuche sin juzgar), informativo (quien te dé consejos o recursos) e instrumental (quien te ayude con tareas prácticas o trámites).
  • Prioriza la calidad: No busques acumular contactos. Busca vínculos «nutritivos» que funcionen como espacios seguros.
  • Sé proactivo y recíproco: La red se fortalece en el intercambio. No esperes a estar en crisis; practica los «unprompted check-ins» (mensajes o llamadas sin motivo aparente), especialmente útiles para sostener a otros durante episodios de salud mental desafiantes. Ofrecer apoyo construye tu propia resiliencia tanto como recibirlo.
  • Diversifica tu convoy: Incluye a familiares, mentores y profesionales de la salud. Cada uno aporta una perspectiva diferente ante los obstáculos.
  • Practica la vulnerabilidad: Como afirma la Mtra. Escutia, «pedir ayuda siempre será un acto de valentía y de autocuidado». Abrirse ante otros es la forma más alta de fortaleza.
Conclusión: El bienestar es un tejido colectivo

La salud mental y el éxito estudiantil no son trofeos individuales que se ganan en soledad; son procesos colectivos que se tejen día tras día. Al reconocer nuestra interdependencia, transitamos la vida académica con más recursos y menos angustia. Al final del día, la resiliencia no es algo que «tienes», es algo que «haces» con los demás. La pregunta es: ¿quiénes conforman tu «convoy» de apoyo hoy mismo y a quién vas a fortalecer tú con un gesto de cercanía?

Asimismo, considera ampliar este tema revisando los siguientes contenidos afines al objetivo de fortalecer tus redes de amistad:

Referencias Bibliográficas
  • Arias, C. J., Sabatini, B., Scolni, M., & Tauler, T. (2021). Composición y tamaño de la red de apoyo social en distintas etapas vitales. Avances en Psicología Latinoamericana, 38(1), 1-15. https://doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/apl/a.7901
  • Escutia, A. (2025, 1 de diciembre). La importancia de las redes de apoyo en la salud mental. VoCETYS, CETYS Universidad. https://www.cetys.mx/noticias/la-importancia-de-las-redes-de-apoyo-en-la-salud-mental/
  • Grand Rising Staff. (2025, 26 de febrero). How Support Networks Shape Personal Resilience. Grand Rising Behavioral Health. https://www.grandrisingbehavioralhealth.com/blog/how-support-networks-shape-personal-resilience
  • Marenco-Escuderos, A. D., Restrepo Cervantes, D., & Rambal-Rivaldo, L. I. (2023). Perfiles de resiliencia asociados al engagement académico y al apoyo social en estudiantes universitarios. Interdisciplinaria, 40(2), 243-260. https://doi.org/10.16888/interd.2023.40.2.14