Hablemos de Mariana. Ella tiene 38 años, es directora de una empresa mediana, madre de dos hijos y la persona que «siempre tiene todo bajo control». Cuando llegó a terapia, su queja inicial era insomnio, pero a las pocas sesiones emergió algo diferente: llevaba décadas siendo incapaz de pedir ayuda. «Mi papá decía que pedir ayuda era de débiles», confesó. «Y yo lo creí. Lo sigo creyendo, aunque sé que está mal…». Mariana no era disfuncional, simplemente era fiel a una enseñanza invisible que había incorporado a su persona sin antes poder cuestionar su rol activo en las decisiones de su vida.
¿De qué hablamos cuando hablamos de aprendizajes parentales?
Los seres humanos llegamos al mundo sin manual; sin embargo, nuestros primeros aprendizajes son nuestros padres o figuras de cuidado, que forman parte del primer círculo social inmediato. De ellos no solo aprendemos a caminar o hablar: aprendemos a relacionarnos de distintas formas ante las dificultades, los momentos agradables, con nosotros mismos y con los otros. Este proceso tiene un nombre: transmisión intergeneracional. Se refiere a cómo patrones emocionales, creencias y estilos de relacionamiento se transmiten de generación en generación, muchas veces sin palabras, solo a través de la observación y la convivencia (Bowen, 1978; Bowlby, 1988) y se ha observado que el 70% de los patrones de apego formados en la infancia se replican en etapas adultas de acuerdo con un estudio longitudinal que analizó datos de más de 1500 participantes (Fraley, 2002)
El problema no son los aprendizajes aprendidos sino cuando esos aprendizajes ya no funcionan como herramientas o habilidades para hacer frente a la vida cotidiana; no obstante, se suelen ejecutar en piloto automático.
Lo que estoy desaprendiendo: el trabajo más valiente
Desaprender no significa rechazar a los padres ni borrar la historia familiar. Significa, según Siegel (2012), lograr una narrativa coherente de la propia historia: poder ver a los padres como personas completas, con virtudes y limitaciones, y desde ahí tomar decisiones conscientes sobre qué mantener y qué transformar. Este proceso implica, entre otras cosas: identificar los mandatos familiares que funcionan en silencio; comprender el contexto histórico y emocional de nuestros padres (sin justificar el daño, pero sí humanizándolos); y construir nuevas respuestas ante los mismos disparadores viejos.
Mariana, por ejemplo, aprendió que pedir ayuda no la hacía débil. Le tomó dos años. Fue el trabajo más difícil de su vida. Y también el más liberador.
Puedes comenzar tu trabajo personal siguiendo estos pasos basados en la terapia de aceptación y compromiso:
- Paso 1. Identifica: Cuando reacciones de forma automática, detente y observa: ¿qué patrón está conduciendo? Antes de moverte, necesitas saber desde dónde vienen tus decisiones, ¿esto lo estoy eligiendo yo, o lo está eligiendo un aprendizaje heredado?
- Paso 2. Oriéntate: Identifica tus valores clarificando ¿qué tipo de persona quieres ser en tu carrera, tus relaciones y contigo mismo? De esta manera, puedes seguir la dirección en la que caminas cada día. Escríbelo como verbos, no como logros: «quiero ser alguien que se expresa con honestidad», no «quiero ser exitoso».
- Paso 3. Avanza: Define el movimiento de acercamiento que sea pequeño, concreto y tuyo pues se trata de cualquier acción que te lleva, aunque sea un centímetro, hacia la vida que elegiste en el paso anterior. No tiene que ser radical, sino real. Por ejemplo: Si tu valor es la autenticidad y el patrón heredado es «no muestres vulnerabilidad», un movimiento de acercamiento podría ser: decirle a un amigo que estás pasando por algo difícil, en lugar de decir «estoy bien» cuando no lo estás
- Paso 4. Valora tu avance: Acepta la incomodidad sin luchar contra ella. Si el patrón heredado te dice «no pidas ayuda, eso es debilidad», sentirás incomodidad real cuando intentes hacerlo diferente. Esa incomodidad no es una señal de que algo está mal, es la señal de que estás cambiando el patrón.
El linaje no es destino
Nacemos dentro de una historia que no escribimos, pero en algún punto de la vida adulta se nos ofrece una invitación: la de convertirnos en autores conscientes de nuestros propios capítulos. Desaprender no es traicionar el pasado; es honrarlo lo suficiente como para no repetirlo cuando ya no tiene sentido y, aunque los primeros capítulos los escribieron otros, que ya no te gusten o no te funcionen en el momento presente, en algún momento el bolígrafo pasó a tus manos.
Y hay autores que en el capítulo veinte deciden que este es exactamente el momento donde el personaje gira, crece, elige distinto. Los giros no borran lo anterior, lo nutren. Una historia sin tensión no tiene transformación por lo que la pregunta no es si te gusta cómo va el relato sino ¿estás leyendo tu vida… o escribiéndola? Puedes solicitar el servicio de orientación psicológica y te ayudamos a descubrirlo; además, te invitamos a un taller que puede ayudarte a reconocer algunos puntos al respecto: Bienestar estudiantil
- Bowen, M. (1991). De la familia al individuo: La diferenciación del sí mismo en el sistema familiar. Paidós.
- Bowlby, J. (1989). Una base segura: Aplicaciones clínicas de una teoría del apego. Paidós.
- Fraley, R. C. (2002). Attachment stability from infancy to adulthood: Meta-analysis and dynamic modeling of developmental mechanisms. Psychological Bulletin, 128(2), 123–154. https://doi.org/10.1207/S15327957PSPR0602_03
- Hayes, S. C., Strosahl, K. D., & Wilson, K. G. (2014). Terapia de aceptación y compromiso: Proceso y práctica del cambio consciente (Mindfulness y aceptación). Desclée de Brouwer.
- Siegel, D. J. (2012). The developing mind: How relationships and the brain interact to shape who we are (2nd ed.). Guilford Press.


