La obsesión está formada de pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que se experimentan como intrusivos y no deseados. Las obsesiones no son placenteras ni se experimentan como voluntarias o no deseadas y causan malestar o ansiedad en la mayoría de los individuos (APA, 2013, pp. 235 y 238).

Pensamientos intrusivos

De acuerdo con Kelly Bilodeau (2021), ex editora ejecutiva de la revista Harvard Women’s Health Watch, los pensamientos intrusivos a menudo son provocados por el estrés, ansiedad, o como parte de respuestas biológicas como son los cambios hormonales, siendo un problema a mediano-largo plazo en el primer caso y a corto plazo, en el segundo.

Dichos pensamientos se pueden identificar porque son inusuales para la persona, son molestos y se les desea sacar de la mente. Además de ser difíciles de controlar ya que, a pesar de los intentos, no desaparecen.

Continuamente se buscan maneras de eliminar, disminuir o modificar dichos pensamientos con estrategias que conllevan seguir meditando sobre el mismo tema o alrededor de él, esperando que la respuesta inmediata sea deshacerse de aquello que está generando malestar; sin embargo, las estrategias enfocadas a pensar en ello contribuyen la mayoría de las veces a incrementar el problema, o bien, a mantenerlo. Un ejemplo de ello es la rumia.

El Trastorno Obsesivo Compulsivo

De acuerdo con Forbes (2019), al menos 3 millones de mexicanos padecen trastorno obsesivo compulsivo (TOC), caracterizado por un ciclo de obsesiones y compulsiones que invaden la mente y, en el intento de frenar el malestar generado por dichas obsesiones, las personas presentan comportamientos repetitivos. Un ejemplo muy claro es pensar que se ha dejado la estufa encendida, imaginar que se quemará la casa, explotará y afectará a los vecinos o cualquier otro escenario catastrófico; las compulsiones para aminorar el malestar serían regresar a corroborar que está apagada y revisar dos o tres veces más, para “asegurarse”.

Por otro lado, la rumia se define como el pensamiento pasivo repetitivo sobre los síntomas de angustia y sus causas, significados y consecuencias (Nolen-Hoeksema, citado en Kollártik, et. al, 2020). Un ejemplo es cuando, ante una preocupación como presentar un examen, la persona anticipa que va a reprobar, imagina que no sabe las respuestas, se imagina intentando responder y al final reprobando porque se terminó el tiempo del examen. La rumia puede extenderse al imaginarse recursando la materia, atrasarse en sus estudios y por ello perder oportunidades laborales ya que no concluyó la materia en el tiempo programado y por ello no tendrá oportunidades laborales a futuro.

La defusión cognitiva

Una creencia común es que los pensamientos determinan nuestra vida, acciones y estructuran el mundo, por lo cual, cuando estos no concuerdan con nuestros valores y acciones, se tiene la sensación de vulnerabilidad y con ello, la necesidad o impulso de resolverlos dándoles congruencia; pero se pasa por alto que nosotros somos quienes tenemos esos pensamientos. Notar el pensamiento sin que nos enredemos en él ha sido nombrado “defusión cognitiva”. (Psyciencia, 2019).

Los siguientes pasos basados en defusión cognitiva te pueden ayudar a manejar los pensamientos intrusivos:

  1. Identifícalos. Cuando surge un pensamiento intrusivo, haz una pausa de unos segundos para notarlo y decirte: “estoy teniendo el pensamiento de…”.
  2. Focaliza tu atención. Una vez detectado el pensamiento regresa tu atención a la actividad, situación o lugar en el que te encuentres en ese momento, prestando especial atención a un aspecto de este. Por ejemplo, los sonidos presentes, las personas en el lugar, la letra de una canción, etc.
  3. Vacía tu mente. Puedes escribir sobre los pensamientos y una vez en el papel, observarlos de lejos como algo “fuera de ti” que decides dejar en el papel para seguir enfocado en tus actividades. Si son preocupaciones reales, inicia una lista de pendientes y dale seguimiento una vez que concluyas la actividad actual.
  4. Comprobar hipótesis: Trata el pensamiento como una hipótesis y corrobora si en el momento presente hay hechos (no ideas ni más suposiciones) que apoyen la realidad del pensamiento intrusivo. Un ejemplo sería: “Me voy a enfermar de gravedad”. Partiendo de esto, presta atención a tus sensaciones físicas; si te sientes bien, si hay o no pruebas a favor, si tienes síntomas de enfermedad, o acudir a una cita médica, todo esto te dará las evidencias.

Recuerda que la clave está en no dejarte envolver en los pensamientos y mantener una perspectiva amplia que te permita mirar más allá del contenido de las obsesiones. Si notas que necesitas ayuda para manejar de una mejor manera los pensamientos de tu mente, cuentas con el apoyo del servicio de Orientación Psicológica de la universidad Utel.

Psic. Ángeles Reyes Cortés

Orientación Psicológica

Programa de Éxito Académico y Profesional (PEAP)

Referencias

American Psychiatric Association. (2013) Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5). Editorial Médica Panamericana.

Bilodeau,K. (2021) Managing intrusive thoughts. https://www.health.harvard.edu/mind-and-mood/managing-intrusive-thoughts

Kollárik, M., van den Hout, M., Heinzel, C. V., Hofer, P. D., Lieb, R., & Wahl, K. (2020). Effects of rumination on unwanted intrusive thoughts: A replication and extension. Journal of Experimental Psychopathology, 11(1), 204380872091258. doi:10.1177/2043808720912583

Psyciencia, (2019), 5 ejercicios efectivos para ayudarte a dejar de creer en tus pensamientos intrusivos, por Steven Hayes. https://www.psyciencia.com/8-formas-de-vencer-pensamientos-indeseados-persistentes/#.UJPgebRpW4E


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